BCCCAP00000000000000000000448
desconcertantes, expresadas con palabras y gestos, referido por el mismo P. Juan. Vamos a asistir al diálogo entre ambos, que nos revela cómo veía el P. Pío su propio sacerdocio y su misa. -¿Sufres dolores más intensos durante la misa? La única respuesta es un gesto afirmativo con la cabeza. -¿ Vives entera la pasión de Cristo? Responde con una postura que no ofrece duda ninguna: la cabeza metida entre las manos, apoyados los codos en la mesa. Acaso se muestra reservado cuando se trata de manifestar sus estados íntimos. Pronuncia una frase -como si se le hubiese · escapado- densa de significado: -Ah, si lo hubiera sabido. El P. Juan siente crecer su curiosidad por esa reticente excla– mación. Está decidido a aclararlo todo, hasta el fondo, sobre todo porque le parece haber intuido algo. -¿Es que estás arrepentido de haberte hecho sacerdote? El P. Pío levanta los ojos, a los que una luz inefable vuelve luminosos. No responde. El otro, decidido a no rendirse por nada, insiste. Y obtiene la respuesta desconcertante, tanto más desconcertante cuando más rigurosa. -Si hubiese conocido de estudiante lo que ahora conozco, me hubiera retirado a un desierto y no me hubiera ordenado sa– cerdote. No necesitamos más para comprender lo que significaba para el P. Pío ser sacerdote. Sin embargo, a un clérigo que le había preguntado un día si había dormido la noche anterior a la orde– nación, le contestó: -¿Cómo iba a dormir si el corazón me esta– llaba de gozo? Todo está cumplido Si la vocación sacerdotal había inundado de gozo su juventud -lo que sucede a tantos clérigos-, una vez llegado a la meta comprendió el sacerdote Pío Forgione el lado doloroso de su ideal. Hubo en él una progresiva maduración interior. Su ser y su misión como sacerdote se le fueron descubriendo día tras día, las 203
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz