BCCCAP00000000000000000000448
lo indicado en el motu proprio "Quartus iam annus" del 9 de mayo de 1918. La misa debía decirse en la festividad de San Pedro y San Pablo. El Padre Pío la anticipó al 30 de mayo. Hecho el ofrecimiento de sí mismo, el sacerdote capuchino escribe: "Y apenas hube terminado de hacer eso, sentí que me encerraban en esta dura prisión y oí todo el chirriar de la puerta de esta prisión que se cerraba detrás de mí. Me sentí amarrado por unos grillos durísimos e inmediatamente sentí que me faltaba la vida. Desde aquel momento me veo en el infierno, sin un momento de reposo". En líneas anteriores había escrito: "Me encuentro viviendo confinado en este estrado, sin ningún descan– so y con una inquietud siempre en aumento, que hace que me sienta desgarrado más de lo que se puede decir". Esta confidencia demuestra que la misa del P. Pío participaba de la del Calvario. Los sufrimientos en el altar Los relatos de lo que el P. Pío experimentaba mientras cele– braba la misa quedaron confirmados por los que le vieron en el altar y siguieron la misa. Miles y miles de personas pudieron contemplar el rostro del celebrante y entrever el acontecimiento, doloroso y gozoso, que se realizaba sobre el altar. El P. Vicente de Casacalenda, testigo ocular, recuerda la misa del P. Pío, celebrada en la vieja iglesiuca "donde todo era pobre y destartalado, como en Belén y el Calvario". "Recordemos cómo caminaba modesto y absorto, y con todo se daba cuenta de las dificultades de avanzar en medio de aquella gente apretujada que se apartaba de mala gana. En su rostro ninguna manifestación de esplendor, de poder sobrenatural, sino más bien un aspecto dolo– rido. De movimientos lentos, naturalidad en los gestos, tranquilo cuando leía. Pero en todo se veía una dignidad no rebuscada, una conciencia espontánea, una austeridad sin dureza. No se cansaba uno de mirarle. Allí se estaba repitiendo el misterio de la pasión. Parecía que había nacido para decir la santa misa. Cuando levantaba la patena y el cáliz, las mangas bajaban un poco y dejaban ver las llagas de las manos. Sobre ellas se posaban 196
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz