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234 EL Mfu'<SAJE DE LA BIBLIA midad debe versar sobre cuestiones de far. y costumbres y proponer 1a doctrina en forma categórica, no como simple conjetura. En los otros campos los Padres son hijos de su tiempo y, por lo tanto, sus opiniones son susceptibles de perfeccionamiento con los avances filosóficos, arqueológicos, históricos y científicos. Hace falta además que hablen como doctores y no como simples escritores privados ; sin embargo, aun sus opiniones privadas en materia doctrinal merecen gran respeto por ser de testigos eminentes en ciencia y en santidad. c) Analogía de la fe.-Por analogía de la fe se entien– de la mutua armonía de las verdades reveladas, en virtud de la cual éstas se iluminan reciprocamente, sin que pueda existir contradicción entre ellas. Por eso no puede admitirse la interpretación de un texto que contradiga algún punto de verdad revelada, «porque, supuesto que el mismo Dios sea el autor de los Libros Sagrados y de la doctrina enco– mendada a la Iglesia, es evidentemente imposible que de los primeros pueda reducirse por medios legítimos una doctri– na opuesta en cualquier respecto a la última» (León XIII, Providentissimus Deus) (1). Para que el exégeta observe fielmente esta regla ha de estar sólidamente formado en las ciencias teológicas, como manda el mismo León XIII. Sin la teología habrá filósofos, arqueólogos, críticos, que lle– guen a la corteza, pero no auténticos intérpretes que gusten el rico contenido doctrinal de los Libros Santos. Esta es su principal tarea ; las cuestiones de historia, de filología, geo– grafía y similares en tanto valen en cuanto se ordenan a esto. Más de un lector se habrá sentido decepcionado y desco– razonado al leer los complicados requisitos que intervienen
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