BCCCAP00000000000000000000429
232 EL MENSAJE DE LA BIBLIA sobre estas cosas. Pero aun en estas materias profanas la Iglesia puede intervenir con su magisterio cuando afectan a fas" verdades de fe y costumbres. Así, por ejemplo, en la En– cíclica «Humanis Generis)) se prohibe seguir la teoría polige– nista, porque ·<mo se ve claro cómo tal sentencia pueda com– paginarse con lo que las fuentes de la verdad revelada y los documentos del magisterio de la Iglesia enseñan acerca del pecado verdaderamente cométido por un solo Adán y que, difudiéndose a todos los homhres por la generación, es propio de cada uno de ellos)). En cuanto al modo de la interpretación, a veces la Iglesia define infalibleniente el sentido de un texto; así., el Concilio Tridentino define que las palabras: «Esto es mi cuerpo)) (Mat- 26,26 ss.), indican la presencia real en la Eucaristía bajo las apariencias de. pan y vino. Otras veces condena una falsa interpretación dada a un texto. Pío VI, en 1779, con– dena la interpretación de J. L. Isenbiehl, que niega a Is. 7, 14 todo sentido mesiánico. También en los decretos dogmáticos para probar o .ilus– í:rar alguna verdad suelen aducirse textos escriturísticos. La bula «Ineffabilis Deus)), donde se define la Inmaculada Con– cepción, invoca el pasaje del Génesis 3,15; pero la infalibi– lidad sólo afecta al dogma definido, no a los argumentos y motivos empleados para probarlo, Es muy difícil precisar en qué sentido son usados los textos escriturísticos en los documentos ; lejos de pensar que la mayor parte de las ve– ces se emplean como simples argumentos, ilustraciones y acomodaciones. El mismo Pío XII recuerda «que son muy pocas las cosas cuyo se11tido haya sido declarado por :a Au– toridad de la J g1esia, y no son tampoco más aquellas en que únicamente convienen Jo;, Padres)) (Di\·ino afflante Spiritu l.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz