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P. CARLOS DE VILLAPADIERNA 2) Principios especiales: La Biblia es un libro singular no sólo por su contenido, siJ~o por su origen divino ; de ahi que el esfuerzo humano sea insuficiente para penetrar el sentido de sus narraciones; la intelige,ncia humana necesita una luz superior que esclarezca las profundidades mis.teriosas de la palabra de Dios. Estos principios, exclusivos de interpretación del Texto Sagrado, se reducen a tres: Interpretación de la Iglesia, Consentimien– to de los Santos Padres y Analogía de la ft.. a) Interpretación de la I glesi:a.-N adie puede ponu en duda que la Iglesia fundada por Cristo posee el derecho sa– crosanto de interpretar auténticamente la Sagrada Escritura. Cristo confiere a su Iglesia una autoridad de magisterio in– falilú: para custudiar, exponer y explicar las verdades reve– ladas por Dios (Mat. 16, 18 ss.; 28,19; Jn• 14,16; 16,15), y siendo la Escritura una fuente de la Revelación, síguese que la Iglesia, depositaria de e'lla, tiene autoridad para deter– minar su sentido en todo lo relaciona<lo con la k y cos– tumbres. Desde el siglo n, los escritores eclesiásticos y Santos Pa– dres proclaman abiertamente el derecho exclusivo de la Igle– sia a interpretar infaliblemente los escritos inspirados. Los Concilios de Trento y Vaticano reivindican para la Iglesia la autoridad de «juzgar sobre, el verdadero sentido e interpre– tación de las Sagradas Escrituras>>. Además de lo concerniente a la fe y costumbre, hay otras muchas materias en la Biblia, como la arqueología, geogra– fía, ttnografía, sobre las cuales la Iglesia carece de autoridad para de.finir su significado, aunque la inspiración, como hemos visto en el capítulo anterior, excluye también el error formal

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