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226 EL ME.'.\SAJE DE LA BIBLIA mo puede ilustrar los datos resultantes de las foentes de la revelación. En último término, es el Magisterio infalible ffe la Iglesia quien determina la existencia de la tipología en pasajes o textos bíblicos. Pío XII, en la encíclica ((Hmnani Géneris)} condena la tendencia peligrosa de algunos intérpretes que, para solucio– nar todas las dificultades de la Biblia, vuelven a las exagera– ciones de la escuela alejandrina, interpretando la Escritura en sentido espiritual y simbólico, sin hacer caso para nada del literal, origen y causa de las dificultades y conflictos. Sin embargo, el Papa, como se ve en la ((Divino affiante Spiritu», no reprueba la exégesis espiritual que se funda en la misma Escritura y en la Tradición. b) Especies de sentido típico :-Hay una división ya clá– sica del sentido típico en: alegórico, tropológico y anagógi– co. Alegórico: el que tiene por objeto a Cristo o a la Igle– sia; así Melquisedech, sacerdote, es figura de Cristo, sacer– dote eterno; el arca de Noé, figura de la Iglesia, fuera de la cual no hay salvación. Tropológico, el que incluye una lec– ción a cumplir; en el libro de la Sabiduría 16,28, se dice que el hecho de recoger el maná antes de la salida del sol (Ex. 16) encierra la advertencia de que debemos levantarnos temprano para orar y dar gracias a Dios, autor de todo bien. Anagó– gico: tiene por objeto la vida futura; según San Pablo (Hebr. 3,7-4,10) la Tierra Prometida es figura de la patria celeste. e) Valor probatorio del sentido típico: -Todo sentido escriturístico, en cuanto intentado por Dios, tiene fuerza pro– batoria. Una vez probada con certeza la existencia del sen· tido típico, adquiere tanta fuerza demostrativa como el sen– tido literal. Pero conviene insisir en lo dicho anteriormente,

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