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P. CARLOS DE VJ:LLAPADIERNA 221 can en su favor la dignidad de la Escri1ura que exige que en una palabra se impliquen varios sentidos. Pero se con– testa diciendo que la misma dignidad de la Biblia exige que de ella se excluya toda ambigüedad ; el autor sagrado se expresa a la manera humana y usar palabras que, en deter– minado contexto, tengan más de un sentido, equivale a in– currir en ambigüedad desorientadora, impropia del Libro Sa– grado. Es cierto que algunos textos del Viejo Testamento, al ser citados en el Nuevo o por los Santos Padres, adquieren diverso sentido. Así el Salmo 2,7-8: «Dios me ha dicho: Tú eres mi hijo, hoy te he engendrado yo)), es interpretado en los Hechos de los Apóstoles 13,33 de la Resurrección d.: Cris– to, en Hebreos 1,5 de la Divinidad de Nuestro Señor, y en· la misma epístola 5,5 de su sacerdocio. Pero no es necesano · admitir qeu en los tres casos se trate de sentido literal, s1110 que puede ser también un sentido típico o una mera acomo– dación o aplicación. «Si la inspiración es teándrica-dice C. Charlier en «La lectura Cristiana de la Biblia))-el sentido de la Biblia lo es también, necesariamente. El pensamiento de la Biblia 110 e~ el fruto de un amasamiento Je dos pensamientos heterogéneos y formados independientemente uno del otro : es el pensa– miento único de Dios, encarnado en un proceso humano. Hay necesariamente coincidencia-no digo identidad-entre la ex– presión humana y el pensamiento divino, y este último es– tá obligatoriamente circunscrito por la primera». 3) Acomodación del texto de la Sagrada Escritura.-La unicidad de sentido literal en la Escritura no excluye el uso acomodaticio de sus textos. La acomodación bíblica se hace cuando, en virtud de una semejanza real o verbal, los tex-
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