BCCCAP00000000000000000000429

P. CARLOS DE VJLLAPADIERNA 219 dad y existencia del «sentido pleno» existe una biografía in~ gente, producto de las discusiones y las diversú:c: posturas de los estudiosos, sobre todo en los veinte últimos años. Espa– ña va en primera línea, tanto por la biografía, como por la seriedad y competencia de los trabajos realizados. Hay gran confusión en cuanto a la nomenclatura y defini– ción del llamado «sentido pleno», que otros denominan «pe– ricorético)) «evangélico)). Pero no vamos a entrar en minu– cias, porque nos llevaría demasiado lejos. Las discusiones, no obstante, se agrupan en torno al concepto más común de sentido pleno, dado por el Padre Fernádez Truyols: «lo qwe Dios pretende decir más allá de lo que intenta el autor hu– mano, aunqite en la misma línea)). «¿ Quiso Dios dar a sus palabras un sentido más profundo y rico que el comprendimiento por el hagiógrafo ? Los exé– getas se dividen en sus pareceres. Los que contestan afirma– tivamente se fundan principalmente en el hecho de que varios pasajes de la Escritura sugieran la existencia de ese sentido. Los profetas predijeron diversos aspectos del Mesías y su reino. Ninguno de ellos tuvo a la vista el cuadro completo. La visión del conjunto sólo les fué dado tenerla a las ge– neraciones posteriores que a la vez, poseían ya las profeéias y su cumplimiento. El sentido literal de Gen. 3, 15, es el de una lucha entre la humanidad y Satán. El desarrollo poste– rior de la profecía hizo ver que era en realidad el Mesías el que había de vencer, y este punto de vista fué confirmado na– turalmente, por la venida de Cristo, Es el mismo Dios el que inspira la profecía, y lleva a término su cumplimiento. Esto podría parecer un ejemplo del sentido pleno, un sentido del que el hagiógrafo no tuvo conciencia. Los. que niegan al posibilidad del sentido pleno apoyan sus

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz