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218 EL MENSAJE DE LA BIBLIA ción esencial y convencionalmente ordenada a significar o re– presentar algo, con ella relacionado)). Isaías y sus dos hijos son, con sus nombres simbólicos, presagio de castigos tem– porales y de salvación definitiva. (Is. 8, 18; 7,3: 8,3). El sentido explícito resulta a primera vista de las palabras, el implícito, se halla en cierto modo oculto en las palabras del texto, o también en el contexto inmediato. Así la frase de San Juan: «El Verbo se hizo carne)) (Jn. 1,14) expresa el misterio de la :&,.carnación ; y este es el sentido literal, por:. que aunque «Verbo)) y «carne)) aisladamente pueden tener otras significaciones, aquí el sentido está limitado y concre– tado por el contexto próximo y remoto que manifiesta la in– tf'nción del hagiógrafo; «Verbo)) indica el Hijo de Dios y «carne» la naturaleza humana asumida por el Verbo. Por lo tanto el sentido explícito será: «El Hijo de Dios . se hizo hQmbre» ; pero la expresión supone necesariamente que Cristo, poseedor de la naturaleza humana, tiene todo cuanto esta naturaleza humana entrafia; no hay por qué advertir que este sentido implícito, en cuanto contenido en los límites de los términos usados, no desborda el sentido li– teral y es intentado por el autor tanto humano como divino. No debe confundirse el sentido implícito con el llamado por algunos sentido consecuente y por otros conclusión teoló g1- w. Es una dedución del texto mediante un raciocinio que se hace, usando un término externo a la Escritura; esta dedu– ción no es, por lo tanto, inspirada. Los autores aducen el ejemplo: «Según d li!Jro de los Hechos, Huodes Agripa I mató a Santiago, hermano de Juan (.t1-echos 12, 1 ss), es así, que según la hitoria, Herodes Agripa reinó entre los af1os 41-44, luego Santiago fué muerto en estos años. a) Sentido pleno.-En torno al problema de la posibin-
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