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212 EL MENSAJE DE LA BIBLIA Luz EN LA «D1vINNA AFFLANTE SPíRITU». Pío XII esclarece gozosamente el camino. Esta misma investigación-dice-ha probado ya con lucidez, que, el pue– blo de Israel se aventajó singularmente a las otns antiguas naciones orientales en escribir bien la historia, tanto por la antigüedad como por la fiel narración de los hechos, lo cual seguramente procede del carisma de la ,divina inspiración y del fin peculiar 1de la historia bíblica, que es religioso. Sin embargo, también entre: los escritores sagrados, como entre los demás antiguos, se hallan, ciertos ar:!;es de exponer y na– rrar, ciertos idiotismos, propios, sobre todo, de las lenguas semíticas, las Jlamadas aproximaciones, y ciertos modos de hablar hiperbólicos; más aún, a veces hasta paradojas con las cuales, más firmemente se graban las cosas en la mente, cosa nada de admirar para quien rectamente, sienta acerca de la inspiración bíblica ... Conociendo, pues y exactamente, es– timando los modos y maneras de decir y escribir de los anti– guos, podrán resolverse muchas dificultades que contra la verdad y la fidelidad histórica de las Sagradas Escrituras se oponen, y semejante estudio sera muy a propósito para per– cibir más plena y claramente la mente del autor sagrado». El problema de la historicidad de la Biblia, se reduce al problema de los géneros literarios, pues su solución consis– te en determinar qué modos, qué moldes, qué procedimien– tos del género literario histórico se emplean en la Biblia. E1 primer rasgo fundamental de las narraciones históricas de la Biblia, es la subordinación, más o menos exhaustiva, de la historia a una tesis religiosa. Cada libro intenta un fin re– ligioso específico ; la historia bíblica es la historia de la re– velación y el mensaje de salvación. De aquí que el autor sa-
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