BCCCAP00000000000000000000429

2o8 EL MENSAJE DE LA BIBLIA <ladera discrepancia, por ser uno mismo el Dios que revela los misterios e infunde la fe y el que <lió al alma humana !a luz de la razón». «La naturaleza y la Biblia-dice bellamente Muñoz Iglesias-son dos páginas de un mismo libro escritas por e: mismo autor.>> León XlII, en la encíclica «Providentissinms Deus>) se– ñala con luz diáfana el camino de la verdadera interpretación. «Se ha de considerar---dice-en primer lugar que los es– critores sagrados, o mejor, el Espíritu de Dios, que hablaba por ellos, no quisieron enseñar a los hombres estas cosas (la íntima naturaleza o constitución de las cosas que se ven), puesto que en nada les habían de servir para su salvación : y así, más que intentar en sentido propio la exploración de la naturaleza, describen y tratan a veces las mismas cosas o en sentido figitrado o según la manera de hablar en aquellos t'Íenipos, que aun hoy rige para muchas cosas en la vida coti– diana hasta entre, los hombres más cultos. Y como en la ma– nera vulgar de expresarnos suele ante todo destacar lo que cae bajo los sentidos, <ie igual modo que el escritor sagrado– ya lo advirtió el 'Doctor Angélico-«<se guía por lo que apa– rece sensiblemente», que es lo que el mismo Dios, al hablar a íos hombres, quiso hacer a la manera humana para ser en– tendido por e'llos». Dos principios orientadores enuncia León XLII: 1) Mu– chas de las afirmaciones bíblicas, que científicamente apare– cen inexactas, se encuentran en pasajes marcadamente poé– ticos. Son vigorosas y audaces personificaciones poéticas a través de las cuales intenta el hagiógrafo manifestar un'.l ver– dad filosófico-teológica. Así, por ejemplo, exclama Habacuc para indicar la omnipotencia y dominio absoluto del Señor: »Olvídase el sol de su levante y la luna se queda en su

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz