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P. CARLOS DE VJLLAPADIERNA 207 gráfica. Oportunamente advierte ya San Agustín: ((No se lee en el Evangelio que el Señor dijera: "Os envío al Espíri– tu Santo para que os instruya sobre el movimiento del sol o de la luna." Quería hacer cristianos, no matemáticos.» Mas las páginas bíblicas están llenas de descripciones de los fe– nómenos físicos que hoy la ciencia no puede admitir. Fundados en estas aparentes contradicciones entre las en– señanzas de la Biblia y los datos de las ciencias a mediados del siglo XI,X los gerifaltes del racionalismo creen llegado el momento de sacrificar la revelación en aras de los avances científicos. Suelen citarse como ejemplos de falsas concepciones la creación del mundo en seis días, narrada en el primer capí– tulo del Génesis ; aunque se entiendan los días de períodos indefinidos de tiempo, entrañan la dificultad de colocar en el cuarto día el sol y la luna, uno de cuyos oficios es disin– guir los días. El pasaje de la parada del sol por mancf,ato de J osué en la batalla de Gabaón parece suponer la inmovilidad de la tierra ante el movimiento del sol. (J os. 10-12 14.) El Levítico y el Deuteronomio clasifican entre los rumiantes a la liebre y al conejo. (Lev. II,S ss; Deut. 14,7.) Para salvar los ataques contra la verdad de la Biblia, los escritores del siglo pasado recurren a ingeniosas teorías con– cordistas, fundadas la mayor parte en una falsa interpreta– ción del Texto Sagrado. Es el Papa León XIII quien, con claridad meridiana, es– tablece los principios que deben esclarecer y solucionar tan debatida cuestión. León XIII recuerda que entre la Biblia y las ciencias na– turales no puede haber verdadera oposición, pues, según el Concilio ,Vaticano, ((entre la fe y la razón no puede haber ver-

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