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2o6 EL MENSAJE DE LA BIBLIA Es León XIII el primero que defiende, con frase profun– da y clara, la inerrancia de la Biblia, en su Encíclica «Provi– dentissimus Deus)), llamada con justicia la «carta magna>> de los estudios bíblicos para los católicos: «No vale decir que el Espíritu Santo haya tomado a los hombres como instru– mentos para escribir, como si incurriera en error el autor sa– grado y no el autor principal. Pues por una acción sobrena– tural de tal modo los excitó y movió a escribir y les dispensó tal asistencia, que ellos entendieron pusieron fielmente por escrito todas aquellas cosas y sólo aquellas que El ordenaba y así lo expresaron de modo idóneo y con verdad infalible.>> «Por lo tanto, quienes piensan que en lugares auténticos de los Sagrados Libros puede hallarse algo falso, tales cier– tamente o pervieretn la noción de inspiración divina o hacen autor de error al mismoDios.» Idéntica doctrina. proponen Benedicto XV, en la «Spirí– tus Paraclitus» ; Pío X, en la encíclica «Pascendi», contra los modernistas, y Pío XII, en la tantas veces citada «Divino afflante Spiritu». La misma noción de inspiración implica la absoluta in– munidad de error en las Sagradas Páginas, ya que el efecto, el libro pertenece totalmente a Dios y al hagiógrafo, por Io tanto, todo juicio erróneo afirmado en el texto debería afri– buirse necesariamente a la causa principal. Artículo Il.-'--La inerrancia bíblica y las ciencias naturales La Biblia contiene la historia de la salvación ; no preten– de darnos enseñanza científica, astronómica, tísica o etno-
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