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204 EL MENSAJE DE LA BIBLIA Luego, al hablar de inspiración verbal, no se trata de algo mecánico donde el hagiógrafo obraría como mero autó– mata, sino de algo exigido por la misma naturaleza psíquica del sujeto racional y por la misma noción de causa instru– mental.» Hasta ahora hemos hablado del autor humano, como de ;m personaje único; pero el progreso de las ciencias bíbli– cas nos informa que no todas las partes de un libro son del ...~tora quienes se atribuyen; aun las obras más homogéneas en su origen han sido retocadas, enriquecidas con glosas, con adiciones en el tra~scurso del tiempo. Escribas diversos han puesto sus manos en la formación de los libros. Esto no cambia lo más mínimo su carácter sagrado, pues es el resul– tado final lo que la Iglesia admite como canónico e inspi– rado. Debe admitirse un influjo inspirador sobre todos y cada uno de aquellos que han intervenido en la composición y formación del libro. Inspiralion ae tas traaucciones .-Los traductores de los textos originales o los traductores de versiones a otras len– guas vernáculas ¿ están inspirados ? Los escriturarios suelen responder de la siguiente manera : Si la traducción es una mera copia servil y material en otra lengua:, no parece nece– sario el carisma de la inspiración, pues las dotes naturales del traductor son suficientes para transmitir auténticamente el texto original. Pero si el autor hace obra transformando, glosando, in– terpolando el texto que traduce, entonces se necesita la ins– piración, ya que los cambios introducidos no pueden tener autoridad si no están avalados por el mismo Espíritu divino que inspiró el original.
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