BCCCAP00000000000000000000429

P. CARLOS DE VJ:LLAPADIERNA tener su redundancia en otras potencias anímicas, ~omo la imaginación, la memoria y aun, de algún modo, en la me– cánica de la expresión, pues todo se ordena al fin práctico d~ consignar por escrito esa misma idea concebida por el enten– dimiento .Todo el mecanismo de concepción y de expresión del hagiógrafo se halla elevado, movido e impulsado por ese misterioso influjo inspirativo de Dios. Por otra parte, como el instrumento humano actúa al modo humano, con todas sus deficiencias, no hay inconveniente en que haya diferen– cias de estilo, p,or esa misteriosa condescendencia o «synkata– basis» de que nos habla e lSanto Padre en la «Divino afflante Spiritu». Es el caso del pianista excelente que ejecuta la misma pieza maestra en un piano perfectamente afinado de gran ca- lidad o en otro de inferior calidad y totalmente desafinado. El autor principal es el mismo, con la misma maestría de eje– cución, la pieza la misma, y sin embargo, el efecto muy di– verso. Así también el Espíritu Santo, aJ activar con su in– flujo inspirativo las potencias imaginativas y de expresión de un Isaías consigue mayor efecto desde el punto :de vista literario que cuando toma como instrumento de su acción al rudo pastorcillo Amos. Esas imperfecciones de expresión, por tanto, no se pueden adjudicar a la causa principal, sino al instrumento deficiente, a no ser de un modo indirecto en en cuanto que quiso servirse de una causa instrumental me– nos apta. Por otra parte, el influjo de Dios en la selección misma de los vacablos no exime al hagiógrafo de la tarea de buscarlos. La intervención de Dios habría que concebirla de modo análogo a como actúa en toda causa natural sin qui– tarle la libertad de acción inherente a la naturaleza constitu– tiva de un sujeto racional capaz de acciones propias.

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz