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EL MENSAJE DE LA BlBLIA va y acciona a un plano sobrenatural las potencias psíquicas del autor humano para producir un efecto suprahumano. El hagiógrafo en este caso es causa realmente instrumental, en cuanto obra por sus potencias intelectivas, volitivas y mecá– nicas en la composición de este libro divino y humano. Esta intervención de la causa superior incluye la elevación de esas potencias anímicas para la producción de ese efecto superior a su naturaleza humana, y además su aplicación positiva a la consecución ide es-e efecto. Esta moción de la causa supe– rior, como superior intrínsecamente a la naturaleza del su– jeto instrumental, no es habitual o permanentE-, inherehte a ,su naturaleza 1humana, sino transitoria, es decir, dura sólo mientras subsista el influjo causal del agente principal. El efecto de estas dos causas, obrando íntimamente uni– das, pertenece a ambas, aunque de diverso modo. Como el autor ¡principal es ,Dios, el libro es principalmente divino, por razón del origen, y no sólo por el argumento. Pero, por otra parte, como la causa instrumental es humana, en cuanto el hagiógrafo actúa por sus potencias connaturnles y especí– ficas, desplegando plenamente su actividad, como cualquier otro escritor humano, el hombre es también verdaderamente autor del libro ; y precisamente en esa actividad humana, pe– culiar de la causa instrumental, encontramos la razón de la diversidad de estilos, y aun la posibilidad de deficiencias lite– rarias. La acción de Dios primeramente recae sobré las po– tencias intelectuales del hagiógrafo, ya que el fin concreto de su actividad es precisamente la producción de un efecto de tipo intelectual, el libro. Por eso, para que ese libro sea divino o suprahumano, se exige una misteriosa ilustración
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