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P. CARLOS DE VILLAPADIERNA 1 97 te en su efecto, por la causa principal. El instrumento tiene dos acciones ; una que le compete en su calidad de tal, y otra, como resultado de su propia contextura específica. El Santo Doctor lo ilustra con un ejemplo, hoy clásico, de la sierra, que al obrar ejerce doble acción: la propia, inheren– te a su naturaleza cortante, y la comunicada por la habilidad del artífice que es la de cortar artísticamente, según 1a men– te de éste. Esta última virtualidad es superior a la del meró instrumento material, ya que él, por sí no es capaz de conce– bir y plasmar la idea artística ; es la acción propiamente ins– trumental, que posee el instrumento sólo de modo transito– rio al. ser manejado por el artífice. Pero por otra parte, esta misma acción superior al instrumento material no puede rea– lizarse sino mediante la acción propia de dicho instrumento material, es decir, la acción de cortar. De ahí que las dos ac– ciones sean inseparables en la realización de la obra : el ins– trumento actúa bajo el influjo de las dos acciones que, aun– que físicamente se identifican para la producción del efecto, formalmente se distinguen, pues hay ahí una elevación de la virtualidad propia del instrumento bajo el influjo de una cau– sa superior inteligente que lo dirige. Supuesta esta íntima interconexión de las dos virtualida– des del instrumento al servicio de la causa principal, se si– gue que el afecto es fruto de la conjunción de ambas causas, de tal forma que no se puede adscribir aquél a una causa con exclusión de la otra. Pero bien puede decirse que el efecto pertenece principalmente a la causa principal que ha elevado y ennoblecido la acción ciega, material del instrumento. Aplicncíón de la teorín a la inspiración bíblica.-0plican– do esta teoría a la inspiración bíblica, tenemos que Dios es ta causa principal de un modo singular, en cuanto que ele-

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