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P. CARLOS DE VILLAPADIERNA 1 95 Vaticano y al concepto mismo de inspiración. Según el Con– cilio Vaticano los Libros Sagrados son inspirados)) no por– que habiendo sido escritos por la industria humana hayan sido después aprobados por su autoridad ni só'.o porque con– tengan la revelación sin error, sino porque habiendo sido es– critos por inspiración del Espíritu Santo tienen a Dios por autor, y como tales han sido entregados a la misma Iglesia. Además, tanto en el caso de la asistencia negativa como en el de la aprobación subsiguiente, Dios no será ya autor del libro, sino única y exclusivamente el escritor humano, lo cual destruye el concepto de inspiración bíblica. Otros, queriendo conciliar los pretendidos errores en el campo de las ciencias profanas con la inspiración divina, res– tringen ésta solamente a las verdades de fe y costumbres. León XIII, en la Encíclica Providentissimus, rechazando esta limitación de la inspiración a las enseñanzas de fe y cos– tumbres, da la definición de inspiración que ha servido de base en las investigaciones posteriores acerca de su natura– leza. La inspiración, según el Papa, es un influjo positivo que impulsa al autor humano a escribir desde el principio del libro hasta el fin, de tal manera que la escritura concebida, querida y realizada bajo la moción del Espíritu Santo, tiene a Dios por autor juntamente con el escritor humano. «... de tal manera los excitó (a los hagiógrafos) y movió con su influjo sobrenatural para que escribieran, de tal mane– ra los asistió mientras escribían, que ellos concebieran recta– mente todo y sólo lo que El quería ; y lo quisieran fielmente escribir, y lo expresaran aptamente con verdad infalible; de otra manera, El no sería el autor de toda la Sagrada Escri– tura». Con esto la Iglesia no intenta zanjar las disputas acerca

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