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194 EL MENSAJE DE LA BIBLIA hagiógrafo, su cooperación vital y fecunda en la composición del libro. «Nuestra época-afirma Pío XII en la Di,rino afflante Spiritu-, como acumula .nuevas cuestiones y nuevas dificul– tades, así también, por favor de Dios, suministra nuevos re– cursos y subsidios a la exégesis. Entre ellos parece digno de especial mención ,el que los teólogos católicos, siguiendo la doctrina de los Santos Padres y principalmente la de1 Angé– lico y Común Doctor, han explorado y expuesto, mejor y más perfectamente que en los pasados siglos solía hacerse, la naturaleza y los efectos de la inspiración bíblica, pues par– tiendo del principio de que el escritor sagrado, al escri_bir su libro, es órgano e instrumento del Espíritu Santo, y vivo y racional, observan rectamente que hajo el influjo de la di– vina moción, de tal manera hacen uso de sus facultades y energías que por el libro nacido de su acción puedan todos fácilmente colegir «la índole propia de cada uno y, por así decirlo, sus singulares características y rasgos.>> Diversas posturas.-Ante este ((hallazgo» de la personali– dad íntegra y total del escritor humano en la Biblia, con su psicología, su estilo, su mentalidad científica, los estudiosos adoptan posturas muy distintas. Unos, poco reflexivos, re– niegan del origen divino de la Biblia, considerándola un mero libro humano escrito por diversos autores en el curso de mu– chos siglos. Otros, pretendiendo con ello defender más acer– tadamente el don sobrenatural de la inspiración, la reducen a su mínima expresión: «mera asistencia negativa» que pre– serva al autor humano a caer en el error ; o «una aprobación subsiguiente>> por la cual el Espíritu Santo hace suya una obra compuesta como todo otro libro cualquiera. Ambas teorías se oponen a las declaraciones del Concilio

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