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mones "que cuando la cerviz del toro permanece inhiesta y el toro nos sigue, solemos burlarlo dejándole la capa... , así, comenta él, a las pasiones y al mismísimo diablo se los puede burlar con el capote de la virtud". Y en una preciosa cantiga -la 144- Alfonso X El Sa– bio, narra cómo Santa María libró de la muerte a un hombre perseguido por un toro que lo hubiera podido matar. Y versos de Gonzalo de Berceo ingenuamente can– tan la historia del demonio que se apareció a una devota de Nuestra Señora "en figura de toro que escarbando y con temible cornamenta se dirigía a ella con bravura inu– sitada... ". Y lo más torero de la narración es que la Vir– gen "amenazo/e con la falda del manto", dice el poeta. Un perfecto pase de muleta espiritual que José María Cossío comenta así: "El toro huyó ante la amenaza, que fue más que un quite, pues la audacia del malo no podía llegar hasta embestir a Nuestra Señora". En los salmos bíblicos las pasiones de los malos que persiguen al justo se comparan a un tropel de novillos. Hay cornadas lacerantes que no rozan la carne, sino el al– ma. - "Mira que de pasiones, acosada, sangrando tengo el alma torturada". "Más cornadas da la vida". Es el toro de la avaricia, el que corríeó a Judas y le se– có la savia del amor y el zumo de la ternura. Es la ambición que puede herimos de muerte y ago– tar el sentido de amistad y cegamos la rectitud de con– ciencia. Es la ira que empitona con armas de muerte o des– precio, y rasga el vestido de la fraternidad humana. 214
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