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vencido al mundo". Lo que supone que el "mal" es una realidad -a veces un personaje- derrotable. Todos en algunos casos cargamos las tintas. La ra– zón de que tendamos más al pesimismo que al optimismo acaso resida en nuestra condición de desterrados en este mundo, y esto nos mueve a dar más pinceladas oscuras al cuadro de la vida. ¡Tomemos el pulso a nuestra sociedad! No ignore– mos ni el "mal", ni a los "malos". Pero ni los "malos", ni el "mal" pueden cubrir -oscurecer- a los "buenos" y al "bien". Y buenos son quienes realizan de algún modo la b,1ndad en el mundo. --¿Dónde están éstos? -A tu lado. El diagnóstico y el remedio son sencillos: Reflexio– nar, pero no temblar. En cualquier momento puede im– presionar un rosario tanto como una pistola, la inocencia de una niña herida como la catadura de un asesino. Hay que vencer el mal con el bien, a despecho de timideces y traiciones. Existe más luz en el mundo que tinieblas. Uno se pregunta, sin embargo, ¿hasta cuándo nos van a seguir impresionando más las lágrimas que las sonrisas, la muer– te que la vida, lo malo que lo bueno? 203
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