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67 ¿ Qué, doctor? Los individuos necesitamos del médico de cabecera y la sociedad también. Hay un momento de alivio y expec– tación cuando el médico de cabecera nos toma el pulso. - "¿ Qué, doctor"'. - "Nada de importancia... ". Y nos sonríe. El cuerpo social -que somos todos- está necesitando que alguien le tome el pulso y le diga tranquilizadoramen– te -si es posible- - "Nada de importancia". Pero resulta que ni políticos, ni sociólogos, ni sacer– dotes, ni médicos deben mentir. ¿Está enferma la con– ciencia de nuestra sociedad? Hay "malos" o "equivoca– dos" de todas las clases. Hay "Buenosl' ligados a los mis– terios más bellos de la vida... ¿En qué se debe insistir, después de tomar el pulso al cuerpo social? ¿En el mal? (Crímenes, vicios, traiciones, perjurios, asesinatos, sadis– mos, robo, hambrona, paro, terror...). ¿O en el bien y en lo bueno que existe? (Bondad, inocencia, abnegación, he– roísmo, amor, fidelidad ...). En cualquier estadio de la vida humana (jóvenes, adultos, ancianos) vemos contrarrestada, contrabalancea– da, la infamia, la perversidad y el delito por la clemencia, la sensibilidad y el bien. Y viceversa. Y esto no es nuevo, ¿Jesucristo fue optimista o pesimis– ta? Jesús fue realista. Una vez dijo: "No sabéis de qué es– píritu sois". Pero otra: "estad tranquilos, porque yo he 202
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