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65 ''Mi obligación es dar agua a todos,,. No sé por qué turbios misterios de la psicología, esta– mos más inclinados a la recriminación que a la alabanza. Con frecuencia caemos en el pecado de "detracción", que es quitar al otro, privar al otro, de la alabanza que merece... Y esto no es evangélico, ni humano. Recibí una agria recriminación, una anónima conde– na, porque en un artículo de prensa mío, destacaba la gran calidad humana de un personaje de las letras espa– ñolas y alababa el atisbo de fe cristiana que se adivinaba en su pensamiento. Al parecer, para este desconocido lec– tor y para alguno más, esto no se debe hacer. Y, sin em– bargo, pienso yo, qué bello es y qué cristiano destacar la brizna de hermosura, el rayito de luz y la esquirla de ver– dad donde quiera que se encuentren. Juan Pablo II en uno de sus discursos subrayó una frase que ha sido durante todos mis años de escritor una limpia regla de actuación. Dijo: "No sólo afe4is el peca– do y denunciéis el mal. Esforzaos por destacar lo bueno que ocurre en el mundo". Me parece esta una pauta de conducta, tan elemental, que si no se atiende nos encon..: tramos incapacitados para entablar un diálogo universal ecuménico y para iniciar el anuncio del Evangelio. Como franciscano que soy, me remito a una aprecia– ción del escritor griego Niko Kazantzaki, cuando le pre– guntaron por qué amaba tanto a San Francisco de Asís: 198

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