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62 Una imagen en casa. Tenía muy limpia la buhardilla. Se lo dije y le gustó ... Al despedirnos me advirtió la viejecita: "Mire qué imagen más bonita de Jesucristo preside mi casa. La miro y me ayuda... ". Regresé a casa pensando en que antes, prácticamen– te, en todos los hogares españoles destacaba la presencia de figuras o imágenes religiosas en la puerta, en la cabece– ra de la cama, en la sala de estar, en el comedor... Algo así, como si la casa fuera un preludio o una continuación del templo. Con esto, toda la vida familiar giraba, al menos de forma externa, en torno a un determinado recuerdo reli– gioso, que se concretaba en imágenes o cuadros hogare– ños. Aún hoy -en esta sociedad que no se define precisa– mente por su manifiesta religiosidad- es corriente ver pin– turas o litografias de la Virgen y el crucifijo en las casas, y con más frecuencia, en los coches. ¿Es esto un signo cierto de fe? ¿Por qué no? ¿Es sólo un elemento de decoración? ¿Las dos cosas a la vez? La imagen en el hogar ha de cumplir tres funciones impor– tantes para no convertirse únicamente en algo meramente decorativo, de adorno, el lado del jarrón o de la lámpara. Ha de tener una función religiosa: si la casa de un cristiano, si la familia es la iglesia doméstica donde se ora, es normal que la imagen presida estos actos. 190

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