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59 El ciego que me hablaba de la luz. "Cada amanecida es una gloria", comenta mima– dre, a quien desde nifio le escuché esta jaculatoria: - "Bendita la luz del dfa y el Señor que nos la envía". Sólo como test para pulsar la reacción del agradeci– miento me permito hacer a mis lectores esta pregunta: ¿Han pensado ustedes que pudieran estar ciegos y no ver ni las amanecidas, ni las puestas de sol, ni los árboles, ni las lejanías, ni los pájaros, ni las noches estrelladas .. ? Conviví, durante afios, con un fraile ciego venerable. No le gustaba que lo .llamaran "invidente". - "¿ Qué co– sas tenéis, soy ciego, como aquellos del Evangelio, como lo fue Homero, Nino Salvaneschi o Papini.. ?". Era cu– rioso observarle. Cuando se marchaba la luz nadie veía– mos, él sí veía. Y se reía: "los videntes dependéis de la luz. Los ciegos llevamos la luz dentro. Vosotros necesitáis de la linterna. Nosotros tenemos la orientación en la pun– ta de los dedos". Con frecuencia me pedía que le leyera los textos de la Biblia que hablan de la luz. Y se entusiasmaba. Cuando paseaba por el campo comentaba: - "¡Qué buen dfa hace! ¡Qué gozo ver el sol!". 181
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