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58 La joroba de Bombario. Muy arrugada de ceño dicen que anda la gente por la calle. A mí los tristes no me van. Y si son creyentes, me– nos. "LA TRISTEZA ES UN PESO QUE ABATE Y DEPRIME", escribe un sabio en la Biblia. Y otro: "EX– PULSA LA TRISTEZA, QUE HA PERDIDO A MU– CHOS... ". La tristeza "joroba" el espíritu. ¿Por qué no vamos a comenzar el día con buen hu– mor? Jesucristo recomendó la alegría. Es el gozo de su re– surrección. Y los apóstoles también: "Alegraos, -escribe San Pablo- os lo digo una y otra vez". Y en el siglo III, la Didascale de los Apóstoles: - "El domingo, (sobre todo el domingo), estad siempre alegres. Felices en todo mo– mento, porque comete un pecado el que está triste en do– mingo". Sí, es un pecado estar triste, por sistema. ¿No conocen ustedes la historia de BOMBARIO? Fue un mendigo parisiense que existió en el "Siglo de las luces". Y cuentan de él que logró reunir una pequeña for– tuna rondando por las calles de la bolsa, de compra y ven– ta de acciones, prestando su "joroba" como escritorio para que los corredores de bolsa escribieran sus pedidos. - "Gracias, Bombario, por tu joroba". Y le daban una propina. Y él, feliz con su joroba. ¡Pobre de Bomba– rio, si porque era jorobado, iba a mirar sólo hacia el suelo y lamentarse.. ! No. Al diablo la joroba y a sacarle parti– do y a aprovecharse de ella. 179
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