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el genio militar de su siglo, ' 1 evaba en todas partes una vida piadosa e inmaculada. »Vean lo que dice su biógrafo Luis María de Lojendio en la página 143 de su libro: «Por su fidelidad familiar, pocas vidas han sido tan limpias y tan claras como la del Gran Capitán. Llega a un grado en que la perfección pare– ce inverosímil, dado el ambiente en que vivía. Ni la liber– tad desgarrada de los campamentos, ni los medios co– rrompidos de Italia, ni la larga separación de las campa– ñas rompieron la línea austera de aquel hombre, que ha– bía censurado ante Alejandro VI los desórdenes de la Corte Pontificia con la energía de su sincera indignación y la autoridad que le daba su vida ejemplar». »Mas no es sólo esto lo que nos dice el señor Lojendio sobre el Gran Gonzalo de Córdoba. Leemos en la página 369 : « Había sido rígido consigo mismo. Pero hasta un grado tal, que ni quienes fueron testigos de su rectitud moral en medio del desgarro de los campamentos, ni su propia mujer, a quien guardó fidelidad constante, llegaron nunca a sospecharlo. »Dicen que llevaba consigo la llave de un pequeño cofre, cuyo contenido a todos intrigaba... Fue necesaria su muerte para que se conociese su secreto. La propia doña María Manrique - su mujer - lo abrió luego, y dice la Crónica manuscrita que «halló dentro un cilicio áspero y una disciplina llena de sangre, que jamás perso– na alguna, ni su misma mujer, habían sabido ni barrun– tado tal cosa». ¿Quién hubiese podido presumir que cuan– do marchaba el primero en los combates, o al planear sus geniales batallas, o en la magnificencia de sus recepciones de Castel Nuovo..., aquel hombre de fe ardiente mace– raba sus carnes con la aspereza propia de un ermitaño? Este Gonzalo de la disciplina y el cilicio, el de la austera rigidez en las costumbres, el que de rodillas en el campo ofrecía a Dios sus victorias, era quien esperaba con la paz en el alma el fin de su gloriosa jornada en el mundo». »Después de esto, que nos vengan a dar lecciones so– bre virilidad u hombría esos tipos que parecen haber pues– to su ideal en asemejarse demasiado a ciertos animales». 472
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