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yo, querida Anita. Y sólo hay una respuesta para ello: ¡Gracias, Dios mío! Todo ha sido posible por vuestra in– finita bondad. Nada merezco, Señor, y menos que nada el llegar a ser esposa vuestra. Pero Tú, Jesús mío, (si vieras, amiga, qué sentido doy ahora a este «mío»), Tú suplirás con tu gracia lo que yo no tengo, y poco a poco podré ir siendo algo digna de Ti. »No te asustes, Any: sé que allá en Misiones pasaré calor; a veces sed sofocante..., y que habré de soportar, yo, tan aficionada a los buenos perfumes, ciertos olores repulsivos, pues pienso curar con todo cariño y alegría las llagas de los leprosos ; mas ¡ qué ilusión poder ganar sus almas al mismo tiempo que curo las llagas de sus cuerpos! Ya no temo a nada, y seré valiente con la ayuda de mi Jesús. »Pero ya te veo diciéndome: Bueno, Rosa Mari, lo que yo quiero es que me cuentes en seguida cómo ha sucedido todo eso. »Pues verás: Hace cosa de un año, leyendo una re– vista de Misiones, encontré un artículo enviado desde la India por cierto misionero español, en que hablaba de la necesidad de enfermeras para las Misiones, y aquello se fue grabando profundamente en mí. Comparaba muchas veces mi vida de ociosidad, de mimo, de continua satis– facción de mis caprichos (tú sabes que en lo humano nada me ha faltado para que pudiera sentirme feliz), con aque– lla otra ele sufrimientos, de renuncias, de abnegación, de vivir para los demás, entre enfermos, entre leprosos... ¡ por amor ele Dios, que tanto nos ha amado a todos! »¿Por qué yo no podía llegar a la generosidad heroica a que llegaban otras jóvenes? Empecé a escribirme con el misionero autor del artículo... , y por mediación ele él llegué a trabar amistad con una chica buenísima, enamo– rada del ideal misionero, y que con la ilusión de mejor poder realizarlo algún día está haciendo la carrera de me– dicina. No puedes imaginarte el bien tan grande que ella me ha hecho; por su influencia, íbame yo entusiasmando también con el mismo ideal... Pero ¡cómo tiraba de mí el mundo! ¡ Me encontraba tan a gusto en él! Y luego, con un novio tan estupendo como me había salido... »Grandes eran mis luchas. Yo quería... , y no quería. Así continuaron las cosas hasta fines de mayo pasado. 467

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