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ción del universo. Llegó a considerarse como elegante y superior contemplar al mundo desde abajo, desde la pers• pectiva de las tabernas y de las calles mal f amadas». ,,Dicen que los libros de Cela se están traduciendo a lenguas extranjeras, al inglés, al alemán... Nos alegramos por lo que suponga de beneficio económico para nuestro querido escritor; pero lo sentimos verdaderamente por la pobrísima impresión que de nuestra tan cacareada cultu– ra «espiritual» y «católica» van a sacar los lectores de fuera. ¡Buena luz del «pensamiento español» recibirán tanto ingle– ses como alemanes a través de las obras de Camilo José Cela! De materialismo y crudeza ya deben de tener bastan– te en su propia casa. ¿Es algo más de eso lo que España va a aportar para la renovación del mundo? II Josefina había tardado no pocas semanas en regresar a León. Volvía con buen aspecto; y durante todo el mes de noviembre pareció mantenerse aquel satisfactorio estado de su salud: ella hacía su vida normal, y los de casa es– taban contentos... Mas cuando algún día la joven se po– nía a escondidas el termómetro, comprobaba sin excep– ción que la temperatura seguía con sus décimas desespe– rantes. Nada comlmicaba a los suyos, por no contristar– les; pero en su intimidad sentía a veces la opresión de serias preocupaciones: ¿por qué aquella anormal tempe– ratura?; ¿no habria remedio para ella?; ¿sería síntoma de alguna cosa grave? No siempre estaba preoeupada, porque iba aprendien– do mucho de una difícil ciencia: la de abandonarse con la mayor confianza al santísimo querer de Dios. En sus manos queria ella descansar, pues El la amaba mucho, y además lo podía todo. Josefina caminaba a paso firme por los difíciles sen– deros de la alta vida espiritual. Su base y su fuerza era la oración. Cuando no la obligaban a guardar cama, se iba diligentemente a misa, y en la iglesia estaba su buena hora y media, repartida entre la misa, la comunión y la 454

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