BCCCAP00000000000000000000393

dialisimo adiós, y con él, la seguridad de que no los olvida– ría..., como ellos no debían olvidar nunca a la Juventud, sino ser, a fuerza de ejemplaridad, sus mejores heraldos dondequiera que estuviesen. La marcha de Angel Muñoz no se notó perjudicialmen– te en la venta de «Avanzadilla», pues desde el comienzo del curso, desde la bendición de las banderas, casi todos los chicos se sentían con ánimo para «salir a la ealle». Cada segundo y cuarto domingo de mes, ya sabían cuál era su acto de servicio en la mañana... Así, pudo prescindirse muy bien de las chicas en la venta del periódico. Y los chicos fueron tomando aquello tan como cosa característica suya, que propugnaron casi todos que en el nuevo Reglamento se fijase aquello de la venta callejera como obligatoria «prueba de aptitud», a la que debían someterse cuantos solicitaran en adelante el ingreso. El borrador del nuevo reglamento de la Sección Juve– nil lo estaban elaborando varios de los mejores, presidi– dos por Fernando Gordón Vázquez, quien a pesar de su bri– llante título de Veterinario, no aeababa de eneontrar una buena colocación. Si las dos Secciones de jóvenes marchaban adelante con excelente vitalidad, su hermana menor la Sección de Cordígeros - niñas y niiios menores de catorce años - no se había quedado parada. Sólo contaba eon un año de vi– da, vida muv difíeil por la falta absoluta de local; pero la eosa seguía, ·haciéndose cuanto era posible entre tantas di– ficultades. El mérito principal de la obra se le debía ad– judicar plenamente a la joven terciaria María Victoria, que dedicaba a los pequeños un verdadero celo de apóstol. Todos los domingos, hacia las cuatro de la tarde, hay inquieto alboroto infantil alrededor de la portería de San Franeisco... De pronto, todos aquellos niños y niñas echan a eorrer hacia una joven alta, de ojos grandes, ves– tida de luto, que aparece por una esquina de los jardines, procedente de la Avenida de la República Argentina; los niños la rodean alegremente, y en la mayor familiaridad con ella la vienen aeompañando hasta la portería. A las euatro en punto el bondadoso Hermano fray Gil abre los portones, y todo el bullicioso grupo de los pequeños en– tra con su querida «maestra» en el recibidor mayor del 450

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz