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Entre los nuevos elementos que afluían, se encontra– ban de cuando en cuando algunos de gran valor. La ma– yoría, naturalmente, como sucede en todas las cosas huma– nas, eran bastante corrientitos, mediocridades animadas de buena voluntad. Pero el P. Fidel los acogía satisfecho ,il to– dos, pues aunque su mayor ilusión era contar con jóvenes selectos, «de bandera», que diría un castizo andaluz, bien sabía que los jóvenes egregios no brotan como las setas en primavera y que t1mbié11 la masa y el montón son necesa– rios. Pensaba él que los guías son los hombres más impor– tantes de todos cuantos van en una caravana; pero, de no haber caravana, ¿para qué se quieren los guías? Como si en un ejército fueran todos capitanes excelentes, pero sin soldados a quienes mandar... El quería montar un gran movimiento: para su buena marcha se necesitaba primordialmente cierta minoría «conductora»; mas ¿de qué podría servir tal minoría si no había nada que «conducir»? ¡ Bienvenidos, por consiguiente, todos cuantos llegasen animados de buena voluntad! La afluencia de nuevos no quitaba el sentimiento por la marcha de algunos valiosos elementos de la primera hora, a los que iban dispersando las tan variadas exigen– cias de la vida. Angel Muñoz, por ejemplo, se había despedido recien– temente para ir a Bilbao, a estudiar interno en la Univer– sidad de Deusto, de los PP. Jesuitas. La marcha de Angel era para sentirla muy de veras, pues pocos había como él; pertenecía a la que podemos llamar «vieja guardia de «Avanzadilla», a los seis primeros - tres chicas y tres chi– cos -, que se echaron valientemente a la calle para vender el periódico por bares y paseos. Además, en la medida en que se lo habían permitido sus estudios como interno en el «Colegio Leonés», había sido uno de los siempre dispues– tos a cualquier servicio. También marchó por entonces una buena joven tercia– ria, María Isabel, cuando estaba en la mejor coyuntura para rendir fruto, pues había terminado recientemente su carrera de Filosofía y Letras. Iba a Medina del Campo, a la Escuela Nacional que la Sección Femenina de Falange tenía instalada en el castillo de la Mota, mas no iba como alumna, sino como Jefe de Estudios. A todos los que partían les daba el P. Fidel un cor- 29. - Témporas ... 449

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