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ces, orgías y otras semejantes a éstas. Pues sobre todas ellas os repito lo que ya os dije antes: que quienes se dan a tales cosas no lograrán el Reino de Dios». "Si los pecados deshonestos de los hombres fueran de tan poca monta como quieren algunos, ¿crees tú que el Apóstol iba a hablar tan severamente, amenazando con una eterna perdición fuera del Reino de la Vida? »En otro pasaje no les hablaba más suavemente: «No queráis engañaros; de Dios no se burla nadie; y según lo que el hombre sembrare, así será la cosecha. Quien siembra para la carne, de la carne cosechará corrupción». Y decía .asimismo a los Romanos: «Si viviereis conforme a las exigencias de la carne, moriréis». »Los hombres, amigo mío, encontrarán muchas razo– nes para quitar importancia a sus propias claudicaciones; pero Dios tiene también su criterio, y por éste seremos juzgados. V Octubre terminaba con la hermosa fiesta de Cristo Rey. El P. Fidel sentía gran predilección por dicha fiesta, y hacía lo posible por comunicar tal predilección a sus terciarios. Aquel domingo, la Hermandad debía concurrir a los actos de la iglesia como en las jornadas más solem– nes. Lo exigía así la mejor tradición franciscana; lo exi– gía el ser hijos de aquel que, en el comienzo de su vida nueva de «hombre de Dios», se había presentado por Asís y sus alrededores como «el Heraldo del Gran Rey», y que luego, durante años y años, hasta el último suspiro, se había esforzado por ser el mejor caballero andante del Rey Divino, el Señor Jesús. Las banderas tan gozosamente bendecidas casi al co– mienzo del mes, debían rendir los máximos honores a su Dueño en la gran fiesta del final. No podría encontrarse día más a propósito para can– tar de corazón : 444

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