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»Este primer nombre de «pureza» nos indica bien a las claras que la virtud significada por él da al hombre, en lo moral, su cabal hermosura o atractivo. - ¿Por qué su «cabal» hermosura? ¿No radicará la perfecta hermosura en otra cosa? - Sí; en otra cosa radica. La hermosura corporal de una persona, por ejemplo, radica en la buena proporción de todos los miembros, pues la belleza viene a ser, hablan– do agustinianamente, «el esplendor del orden»; mas, con el tipo mejor proporcionado y la figura más esbelta, una persona puede resultar casi fea y ciertamente desagrada– ble, sí le falta el aseo, la limpieza, el estar lihre de sucie– dades. Ya ves cómo la limpieza no lo es todo para la her– mosura, pero ésta no puede lucir sin el1a : la limpieza da el último toque, es decir, la hace «cabal». »De semejante manera ocurre en un orden superior. La pureza no es lo más importante para la sublimación de las almas; hay otras virtudes que la aventajan cierta– mente en grandeza e importada, por ejemplo, la fe, la ca– ridad, la humildad; pero todas ellas carecen de su último brillo allí donde no están bien gobernadas las apetencias de la carne. El desorden de éstas mancha y desluce el esplendor de aquéllas. Por algo llamamos «pecado feo» a la deshonestidad; y nos imaginamos, en cambio, a las almas verdaderamente puras, es decir, limpias de carna– lidades, como seres casi angélicos, hechos de luz y de fra– gancia y de belleza, muy por encima de las basuras donde se mueve la mayoría de los mortales. »¿Estás conforme? - Por lo menos no se me ocurre ninguna cosa que oponer. -- Bueno, pues pasemos al segundo nombre de nues– tra virtud: continencia. »En él aparece puesto de relieve que ser pura o limpia un alma es fruto de su propio esfuerzo. Opo– niendo un esfuerzo de resistencia al asalto o empuje de alguien, es como se le «contiene». Y «conteniéndose» a sí mismo, frenando los impulsos de la propia sensualidad, es como el hombre alcanza esta virtud que llamamos con– tinencia. Como en la doma de potros salvajes, también aquí se necesita rienda y freno. »En una de sus primeras novelas nos presenta Hugo 441
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