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gunos lo esperaban gozosamente, como nueva e inmejora– ble ocasión de fortalecerse en una lucha de la que venían resultando victoriosos. Para otros, en cambio, hablar de aquello era revolver dolorosamente llagas íntimas, pues tenían el alma más o menos maltrecha por la acción no frenada de los instintos; era ponerles en trance de sentir una y otra vez la opresión de una casi desesperada ver– güenza. Ellos podían testimoniar mejor que nadie cuán poderosamente atraen los objetos del vicio impuro, y có– mo abochorna luego el haber cedido a su tentación. Sólo por hallar un remedio a su miseria podían aceptar de buen grado el que se hablase abiertamente de temas tan poco gratos. Sí; indudablemente, lo que importaba era encontrar remedio eficaz a los males de la impureza. ¿Sabría dárse– lo el P. Fidel? ¿No gastaría toda su fuerza, como solían hacer predicadores y confesores, en ponderar cuán ver– gonzo&as son ciertas acciones y miserables quienes las eje– cutan? Si no era capaz de ofrecerles el remedio, todo se– ría tiempo perdido. Sentir sonrojo en el alma, tener mo– mentos de soñar con las más altas purezas y darse cuenta de toda su hermosura, no era lo más difícil. La gran di– ficultad, la terrible tragedia, estaba en que los momentos malos seguían muy pronto a los buenos..., y todo aquello de la virtud llegaba a parecer inútil ensueño o quimera inalcanzable, y lo único positivo en la vida la conquista ansiosa del placer. El P. Fidel se había propuesto desarrollar metódica– mente el terna; y así, para aquel primer día estaba seña– lado el estudio de la castidad en sus nombres y en su de– finición real según el sentir católico. - A tres palabras solemos acudir nosotros cuando hablamos de esta virtud tan importante: Pureza, Continen– cia, Castidad. ¿Hay alguno que se atreva a explicarme ca– da una de las tres, señalando su propio matiz? Después de unos segundos de silencio general, se fue– Ion levantando varios oyentes... Pero no acababan de sa– lir airosos en sus conatos de explicación. Tomó nuevamente la palabra el P. Fidel. - Pureza viene del término «púritas», que significa limpieza, carencia de suciedad, o lo que es lo mismo, bri– llo de algo en su mejor ser, sin mezcla ni mancha. 440
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