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A mi entender, una joven que asiduamente anda metida en tal diversión, no se conservará del todo limpia por mucho tiempo; y desde luego, será cosa imposible que mantenga una vida espiritual sinceramente fervorosa. »Para que veáis que no se trata de simple apreciación personal voy a leeros algunos párrafos de la pastoral di– rigida hace algún tiempo a sus diocesanos por el Sr. Obis– po de Pamplona... » Los leyó. Aquellos párrafos eran fuertes y duros, llenos de pre– ocupación ante el cariz que iban tomando las diversiones públicas en una de las zonas españolas hasta la fecha me– jor conservadas. «Los bailes agarrados son hoy la ruina moral de los pueblos; traen la pérdida de la fe y la enervación de las virtudes de la raza... ¿Cómo no reprobar esos bailes en que se sorben los alientos, se enlazan y se soban y se es– trechan y se oprimen los cuerpos, con miradas y palabras de pasión, a los acordes de una música arteramente dis– puesta para el estallido de la más baja lujuria?... Estos bailes modernos (cuyos nombres no queremos ni consig– nar, porque nos parecería manchar los labios) son los que se ejecutan hoy por casi todos nuestros pueblos, imitado– res serviles y viles de las gentes donde tales bailes tuvie– ron origen; ninguno de ellos nació en España: unos apa– recieron entre la carroña moral de Europa o América, y otros brotaron como un estallido bestial de las tribus más degradadas de la tierra... » Una de las oyentes interrumpió: - Entonces, ¿qué van a hacer las chicas y chicos de los pueblos, donde no hay más diversión que el baile? - Eso es harina de otro costal... Bien dices que en muchos pueblos no hay más que baile, ¡ y así andan ellos! Soy el primero en lamentar tal situación, pero no veo qué pueda hacer yo para remediarla; me dejaría bastan– te tranquilo el que cayese una bomba de 4.000 kilos so– bre cada uno de los salones de baile - pueblerinos o ciu– dadanos - (cuando nadie estuviese dentro, naturalmente), mas ¿quién se mete a organizar tal bombardeo? - Parece que usted - se atrevió a decir otra - es demasiado partidario de los métodos expeditivos para arre– glar lo que anda mal... ¿No sería mejor la persuasión? - ¡Mejor! ¿Quién lo duda? ¡Muchísimo mejor! Con- 429
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