BCCCAP00000000000000000000393
mas de fervor, el escudo de las juventudes franciscanas. Las jóvenes habían querido como principal adorno y sím– bolo en su bandera una bella Inmaculada: ¿no era Ella, ideal de su vida?, ¿no era además la principalísima Patro– na de todas las Ordenes que reconocían como Padre al Serafín de Asís? La bendición tuvo lugar el 24 de septiembre, último do– mingo de mes. Se la rodeó de inusitada solemnidad. Por ausencia del Sr. Obispo, también terciario franciscano, fue a bendecirlas el Sr. Secretario-Canciller de la Curia Diocesana. Había representación oficial de las Autorida– des... Y lo que más satisfacía al P. Fidel: estaban presen– tes todos los miembros de los Consejos Diocesanos de las dos Ramas juveniles de la Acción Católica, con sus respectivos consiliarios, y también el P. Director y Pre– fecto de la Congregación de los Luises. El P. Fidel los ha– bía invitado de manera muy especial, porque anhelaba vi– vamente la mayor unión fraterna entre todas las fuerzas católicas, y sabía que por desgracia no faltaban en los di– versos grupos - singularmente entre las chicas - algu– nos elementos que fomentaban, tal vez inconscientemente, pequeños resentimientos, envidias, bajas «competencias», disputas o divisioncíllas nada santas... Sabía que todas estas miserias brotan corno las ortigas, sin cultivo, don– dequiera se mueven hombres, y más aún mujeres; sabía también que todo esto es muy viejo en torno al apostolado cristiano, pues ya San Pablo, escribiendo a los Filipenses desde su prisión de Roma, les decía con pena que algunos se habían metido a predicar el Evangelio «por pura envi– dia y rivalidad», anunciando a Cristo, no limpiamente, si– no por emulación, imaginando hacer más amargas mis pri– siones" ll, 15-17). Pero ver tales ruindades, tal falta de vuelo en almas que debían considerarse escogidas, le dis– gustaba sobremanera... Bien es verdad que al fin trataba de reaccionar corno el Apóstol: «¿Qué importa que algunos obren así? Con tal que Cristo sea anunciado, sea con sin– ceridad, sea por ruines motivos, yo me alegro y me ale– graré». Sí, Dios podía servirse hasta de la mísera envidia, o rivalidad, u oscura gana de «ser más que tú», para lle– var adelante sus planes, sacudiendo la indolencia de unos, y metiendo a otros en una actividad que podría ser luego convenientemente purificada. 425
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz