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CON LAS BANDERAS EN ALTO A TRAVES DEL OTOÑO Vino a inyectar mayores bríos en el comienzo del nuevo curso la solemne bendición de las banderas de las Seccio– nes Juveniles. La Sección de chicas ya tenía bandera desde meses antes; pero estaba aún sin bendecir, aguardando a su hermana, la de los chicos, que no acababa de llegar... Sólo Dios conocía exactamente la de pasos, apuros, tentativas y sudores que al P. Fidel - tan poco hecho para pedir - le habían costado aquellas dos banderas, en especial la de los chicos. Pero en fin, ¡ allí estaban las dos!, nuevecitas y flamantes, con ganas de presidir muchos ac– tos solemnes. ¡ Con cuánta satisfacción las contemplaba y acariciaba el Padre ! La de los chicos, quizá por haberle costado más, parecíale más hermosa: sedas azules y blan– cas, y en el centro, acabadamente bordado sobre rojas Ha- 424
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