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- De ordinario, no; y si han de ser muy costosas, mucho menos. No les dan el tiempo y el dinero para eso... l\ilás que rni opinión personal pueden valerte otras dos: de un santo y de un gran escritor (que no se preocupaban mucho de la santidad): »El Beato Diego José de Cádiz, asombroso misionero capuchino, predicaba en Ecija (año de 1778) una de sus grandiosas Misiones generales. Hubo cierto día un acto privado, sólo para las autoridades de la población... ; y el misionero no tuvo pelos en la lengua. Brevemente lo conta– ba él mismo luego, en carta a su director espiritual: «Fue mi asunto la obligación de un senado (corporación de gobierno) con su pueblo: «ce/o,, en orden a las costum– bres, y «solicitud» de sus cosas temporales. »En el «celo» hablé fortísimamente contra el abuso de tolerar escándalos en las personas ilustres..., a quienes, por respetos humanos y otros motivos, ni se reprendía ni se castigaba. Dije muchas cosas, y grité: «Si Dios no per– donó a su propio Hijo (Rom., VIII, 32), ¿se atreven Vuestras Señorías a perdonar o disimular a un pecador porque es poderoso?» Hablé de otros varios abusos y pecados públi– cos, asegurando que sólo su tolerancia bastaba para que sus Señorías no pudieran salvarse. Traje el texto del libro de los Números (25, 4) donde dice Dios a Moisés: «Reúne a todos los principales del pueblo, y cuélgalos del patíbulo contra el sol». ,,En la «solicitud» de las cosas temporales, cargué la consideración en los abastos, pósitos, pesos, medidas, ofi– cios de escribanos, estafadores, etc... Me paré en la costo– sísima obra de la casa de las comedias, del edificio del teatro que están haciendo, no habiendo aquí un hospital para enfermos, ni una casa de crianza para niñas huérfa– nas, ni cuarteles suficientes para los soldados, cte., etc... Levanté el grito para decirles que no podían sus Sefíorías, sin arriesgar y perder su alma, atender a aquella obra abandonando estas otras... » - Cosas fuertes decía el Beato. - Pues te advierto que siguió con cosas aún más re- cias; no las repito ahora por no hacerme demasiado pesa– do. »La otra opinión la emitió Ortega y Gasset en un es– crito de sus años juveniles: «La política no es, en mi en- 421
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