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- ¿Qué mal puede haber en que se multipliquen cuan– to se quiera, con tal de que no sean inmorales? - El mal tremendo de que se malgasten en un desbor– damiento de frivolidad las mejores energías de la vida ju– venil. Quizá no hayas parado mientes en el significado eti– mológico de la palabra «diversión»: es un apartarse o des– ·darse momentáneamente de algo, poniendo la atención en otra cosa, pero siempre para volver más o menos pronto a lo primero, que es lo que de verdad interesa. Durante la guerra frecuentemente hablaban los partes de «ataques de diversión», que no eran precisamente para hacerle pasar buen rato al enemigo, sino para «distraer» su atención de proyectos más serios. «Divertirse», por tanto, debe ser co– mo un breve paréntesis entre las ocupaciones y trabajos que nos impone el deber o la necesidad, a fin de descansar, y poder luego reemprender la tarea con mayor empuje y eficacia. »¿ Comprendes ahora el funestísimo desorden que en– cierra el hacer de las diversiones casi la principal tarea y ocupación de la vida? Así se llega a una total disipación; y de la disipación sólo brotan frutos de esterilidad. Nunca verás ofrecer nada de valioso a una juventud «disipada». - Pues dudo de que se encuentre remedio para ese desbordamiento de diversiones que usted condena. - También yo lo dudo. Lo «diversión» atraerá siem– pre más que el trabajo y la «concentración» espiritual. Añádase a esto la desaforada codicia de muchos individuos, que viven y engordan de montar diversiones, que ponen sus lucros por encima de toda consideración espiritual o pa– triótica, fomentando y desorbitando por todos los medios la tan natural exigencia de diversión o recreo que hay en todo hombre, máxime durante la juventud. "Y no se trata sólo de codiciosos particulares; en bas– tantes pueblos parece ya también que la principal misión de quienes ostentan cargos públicos es la de organizar «festejos», juerguecitas más o menos autorizables para ma– yores y menores. Hay que superar a las poblaciones veci– nas o rivales... ; hay que lograr que cada año «deje tama– ñito» al anterior... ; hay que mantener el bureo de día y de noche... - Entonces ¿usted cree que las autoridades no deben meterse a organizar fiestas? 420
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