BCCCAP00000000000000000000393

crificios. Y yo os los ofrezco lo mejor que sé. Aceptadlos para bien de vuestros pobrecitos, a quienes Vos tanto amáis, y que en tanto desamparo espiritual se encuentran muchas veces. Vos conmigo, ¿cómo podré juzgarme sola? Servíos de mí para irradiar luz, bondad, alegría, pureza... Josefina se encontraba pasando el mes de septiembre en Madrid. Hacia el 15 recibió el P. Fidel una carta suya: «Padre: Me estremece pensar que todo lo que sufro no me sirva para nada. Porque, a pesar de mis esfuerzos por resignarme, hay momentos en que me desespero, y siento que soy una pobre víctima de la desgracia. »No me ocurre esto cuando veo en el termómetro que la fiebre va minando sin remedio mi pobre organismo; si– no cuando llega la hora de luchar contra mi falta absolu– ta de apetito. El verme tan sin ganas no trae más que dis– gusto para todos los de casa, en especial para mi mamá. Yo de mi parte hago todo cuanto puedo ¡ bien lo sabe Dios ! ; pero es demasiado sacrificio para mis fuerzas la lucha constante contra esta inapetencia. Si supiera, Padre, que mi estado es una cosa rarísima... Nadie sabe lo que téngo. Nadie me encuentra nada. Y, sin embargo, todos aseguran que no estoy bien. »Tengo ahora buen color; y mi aspecto físico es inme– jorable. Pero mamá está acostumbrada a no fiarse de apa– riencias; y por eso me ha llevado a un especialista de pul– món y corazón. Me examinó detenidamente, y terminó di– ciéndonos que nada me encontraba. Mas para mayor tran– quilidad, él mismo me envió a otro..., que nos dio el mis– mo resultado. Así que, ni en la sangre, ni en la radiografía encuentran la causa de estas décimas de fiebre que cons– tantemente tengo. »Yo dije al médico que podía declararme la verdad, pues no me importaba estar tuberculosa... ¿Sabe lo que me contestó? » - Eres encantadora, chiquilla. Yo te lo diría si así fuera, pues he observado que tienes deseos de volar hacia la altura. »¿Por qué me diría eso, si apenas puede conocerme? Desde luego, se equivoca el buen señor. Yo tengo ganas, co– mo él dice, de volar hacia la altura; pero no precisamente de morirme, pues la vida me es tan atractiva como al que 27. - Témporas ... 417

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz