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lo veremos todo claro, y entonces tendremos que alabarle por todo, transidos de amor y gratitud. »Espero que vayas dejando poco a poco esa amarga disposición de ánimo. La humildad de la mente la recti- tud de la voluntad facilitan la L""'!',"'w..,,,a de cosas que parecen de pronto muy poco inteligibles. En cambio, las actitudes orgullosas, las rebeldías, son dere– cho camino para todas las oscuridades». La entrevista había durado casi dos horas. Carmen del Río no volvió a su casa plenamente con– vencida de la «verdad» del P. Fidel; pero sí volvía notable– mente aligerada de prejuicios y prevenciones... Las violen– tas rebeldías de su alma se iban amansando... Sin embar– go, no estaba aún ella para rendirse de lleno a la gracia: hay voluntades que ofrecen resistencia fiera, aun cuando el entendimiento ya no sepa qué objetar. ¿Tornaría ella a verse con aquel fraile de barbas? A pesar de cuanto había despotricado contra curas y frailes, se confesaba a sí misma ahora que había por lo menos uno del que no podría hablar mal; escuchándole, había cono– cido algún tanto lo que es la claridad y el sosiego para el alma. Ignoraba cómo serían los demás; pero aquél le ha– bía parecido buena persona, inteligente y sincero. Sincero sobre todo. Esto era casi lo que más la había convencido. Por encima de todas las razones, le quedaría sonando siem– pre en su interior aquella salida del Padre: - Mira, chica: ¿crees tú que si yo no estuviese de la verdad de mi Religión más seguro que de mi propia existencia, iba a estar aquí a mis treinta años, con este hábito y esta facha, teniendo abiertas las puertas del mun– do, donde podría hacer tan buen papel como muchos de los que se juzgan hombres de pro? IV En la tercera semana de septiembre se reanudaron con toda formalidad las reuniones de formación, o círculos de estudio. 414
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