BCCCAP00000000000000000000393
La joven titubeó unos segundos... - Verá: yo disiento fundamentalmente de ustedes. Ustedes dicen que son creyentes; yo he terminado por encontrarme sin fe. Y me pasa, au.c:u.,a.,,, que dudo mucho de la sinceridad de ustedes. No es que yo quiera tildarles de farsantes deliberados; pero... Mire usted, yo he visto ciertas cosas, y me cuesta mucho convencerme de que ustedes sienten de verdad (recalcó esta expresión), de ver– dad, lo que escriben y predican. Las cosas que he visto me han hecho perder la fe. Pienso a veces que la Religión es para muchos una bonita manera de vivir a costa de los demás... La entrevista acababa de tornar un sesgo que el Pa– dre Fidel no hubiera podido imaginarse. Sin dar señales de enfado por lo que oía, dejó que la chica se expansionase a su gusto. El escuchaba tranquila– mente. Carmen del Río, ya bien segura de sí misma, y ani– mada por la inteligente benevolencia del Padre, fue echan– do fuera la enorme cantidad de prejuicios, «razones» y resentimientos que llevaba acumulados en el alma. Y casi todo giraba en torno a estos dos puntos: la conducta in– digna de los ministros de Dios y la existencia, por El con– sentida, de infinitos males e injusticias en el mundo. Si los curas creían de verdad en lo que predicaban, ¿cómo podían luego vivir corno vivían? Apegados al dine– ro, buscando darse la mejor vida posible... Y si Dios existía de verdad, y era tan bueno y pode– roso como hablaba la gente, ¿por qué no terminaba de una vez con tantos sufrimientos e injusticias que se veían por todas partes? No había derecho a tener así a sus cria– turas... Oportunamente, a medida que la chica se expansiona– ba, iba haciendo el Padre sus observaciones, replicando con sosiego, precisando bien las cosas, o rectificando al– guna falsa información... En lo que más quiso insistir fue en poner de relieve que todas las miserias humanas juntas no pueden desvirtuar la marca divina del Cristia– nismo. - Ya que no ocultas tus simpatías por la Rusia re– volucionaria y desconcertante, quiero recordarte el sub– título que un autor ruso, Nicolás Berdiaeff, ha puesto a 410
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz