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cia humana... posible que alguien nos haya puesto aquí para eso: para sufrir día tras día y desesperarnos?» El autor de tal cosa, en el caso de que existiese, sólo me– recería nuestro odio. Sólo de cuando en cuando parecía el alma de la muchacha con algo que no comprendía, pero que sua– vemente la llevaba hacia una actitud de más resignada y serena sumisión. Era como si pasase por ella, súbitamente, cierta oleada de romanticismo espiritual, de sentimentalis– mo religioso; y hasta llegaba entonces a entrar en alguna iglesia o capilla solitaria, buscando paz y desahogo con aquel Dios, cuyo nombre tropezaba por todas partes, y del que en otras ocasiones sentía verdaderas ganas de blas– femar. Hacía poco, aquellas buenas «rachas» habían durado más de lo acostumbrado. Fue cuando llegó hasta a inscri– birse en la Acción Católica de su parroquia. Parecía que su vivir entraba decididamente por los caminos de la fe... Cumplió como buena durante un mes larguito. Pero no tardaron en aparecer síntomas de «enfriamiento» en aquel improvisado fervor... Ella decía que le había decepciona– do su centro parroquial de Acción Católica, pues no encon– traba allí más que vulgaridades y rutina, en vez del «ser– vicio de apostolado a las órdenes de la Jerarquía» que tan– to pregonaban... Quizá hubiera en esto algo de verdad. La explicación más honda, sin embargo, se debía buscar por otra parte : en la dureza de su propia vida - el padre, en la cárcel, por sus actuaciones masónicas contra el ré- ; la madre, enferma y semihistérica, y ella misma, sola, con un mísero jornal de dependienta para atender a las necesidades de la casa -, en su muy deficiente edu– cación, en los fuertes resabios de sus frecuentes lecturas malas... ; todas estas cosas contribuyeron a envenenar de nuevo su alma. Y acabó de producirse la ruina al topar con un sacerdote que, aun en las funciones más sagradas, tenía muy poco de ministro de Dios. Ella no lo abandonó todo de golpe. Fue dos o tres veces más con otros confesores, que se esforzaron por sa– carla a flote de tan grave cr,sis. Pero no tuvieron éxito. Sobre el espíritu de la joven estaba soplando ya una de sus peores rachas... Cuando conoció «Avanzadilla,, por medio de su amiga, 407

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