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«verdaderos caballeros de Cristo», al estilo de los Pares de Carlomagno y los de la Tabla Redonda del Rey Artús... ; y ¿es posible hoy ser caballeros de Cristo sin cómbatir briosamente contra tanta apostasía y paganismo y relaja– ción como se muestra en tierra de cristianos? »Además, en cuanto miembros de la V. O. T., somos de estirpe de Cruzados. El ejemplarísimo esposo de nues– tra Santa Isabel de Hungría, Patrona de las Terciarias, murió en plena juventud tornando parte en la VI Cruza– da. El Patrono de los Terciarios, S. Luis Rey de Francia, fue el último cruzado de la Cristiandad frente al Oriente mahometano, y ceñido con nuestro cordón y revestido de bélica armadura, ofrendó su vida ante los muros enemi– gos de Túnez... "¿Cómo no vamos a sentirnos luchadores, cómo per– mitir que se desvitalice «Avanzadilla" dejando de ser un «periódico de combate»?» En este número 11 se trataba de hacer sumarísimo balance del recién acabado veraneo... Y tal balance resul– taba, en lo moral, verdaderamente lastimoso. La invasión de modas y modos extraños, disolventes, µu;;u,,a,,u,,.c~.,. se veía crecer con frenética aceleración de año en año. La vida nacional iba subiendo bastantes grados en muchas cosas, incluso en las manifestaciones de religiosidad cató– lica; pero en cuanto a las costumbres, cada año se per– dían muchos puntos. Los mejores espíritus se alarmaban... Películas americanas, bailes de importación, y turistas veraniegos - en su mayoría franceses - iban demoliendo muchas cosas entrañablemente queridas por españolas y por cristianas. Lo que el viento se llevó, iba a titular el P. Fidel su co– mentario del veraneo. Porque en verdad el viento de la relajación moral se había llevado no pocas cosas que aún habían resistido al huracán del verano precedente. Sí, «lo que el viento se llevó»... , título bien famoso por aque– llos días. Antes de llevarse las hojas en el otoño, el viento se había llevado en el verano la vergüenza de muchísimas mujeres y la dignidad de otros tantos hombres - padres, maridos, hermanos, novios -. Pero, en lugar de aquel tan famoso y expresivo título, a la cabecera de la primera página se mostraban las gran– des letras rojas de este otro: 405

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