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»Usted, señor Lucifer, no se ha dado cuenta de lo ri– dículo y necio que resulta el querer justificar la indecencia con eso que usted llama el «momento histórico». ¿No cree usted, pobre diablo, que demuestra una auténtica mentalidad de rebaño quien juzga como buena una cosa sólo por el hecho de que la siguen o practican casi todos? Nosotros pensamos que se debe mirar siempre no a lo que se hace, sino a lo que se debe hacer. »Aunque usted nos lo eche en cara, no vale la pena pararse a rebatir eso de que nosotros intentamos resuci– tar las «faldas extralargas», los «corsés de ballenas» y las «siluetas pretuberculosas». Antes de su carta sabíamos, lo mismo que ahora, que hay en el vestir muchas cosas que poco tienen que ver con la Moral. Usted, por ejem– plo, puede salir a la calle con una piel de carnero sobre los hombros, o con un cascabel colgando de la corbata: ningún moralista le apostrofará. Pero si usted quisiera an– dar por ahí en calzoncillos o de otras maneras que mejor es no describir, la cosa presentaría aspectos de los que no podría desentenderse ninguna persona con responsa– bilidad. »Habla usted de los «extravíos morbosos de las pasa– das generaciones»..., y nosotros caemos en la tentación de pensar que todo es pura palabrería. A los papanatas del ,, progresismo» les ha parecido siempre que hasta su pro– pia aparición en el horizonte de la vida todo era oscuri– dad y atraso en el seno de las agrupaciones humanas. ,,usted, además, en un párrafo confuso y bastante mal redactado, parece defender que la Moral es cuestión de «tacto social y educación... » Grosero error, amigo nuestro. Lo malo será siempre malo, aunque lo practiquen con mucha finura los esclavos de las conveniencias sociales, los insulsos servidores del «gran mundo», por los que, si la caridad nos dejara, sólo sentiríamos desprecio. Pero no: tan ladrón es el que limpia la cartera ajena con fraudes industriales o precios abusivos como quien se lleva la misma cartera metiendo la mano en el bolsillo del pró– j imo. Tan sinvergüenza es la gran dama que se desviste con ciertos «trajes de noche» para asistir a no sé qué cosas que llaman «de gala», como la muchacha frescales que anda por ahí de modo que los hombres se paran a· verla. Tan inmoral resulta emborracharse con wisky en 403

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