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Ausente él en tan acolchonada semiinconsciencia, parecía como si su mismo vivir hubiera quedado sin latido; úni– camente lo revelaba el pausado respirar de su pecho. Leves soplos de brisa vespertina venían de cuando en cuando a pasar acariciadoras sobre su frente varonil: frente huérfana de caricias desde hacía veintiún años, desde que, a los diez de su edad, se había posado allí el último beso, beso de una madre incomparable, en la des– pedida postrera... Desde entonces, aquella frente se ha– bía ido endureciendo, haciéndose pensativa y grave, pero siempre ¡huérfana de caricias!, y sin caricias habría de seguir en el mundo, porque el hombre allí recostado so– bre un árbol pariente del ciprés, había elegido por amor de Dios el pasar sentimentalmente solo por la vida, guar– dándose en recónditas interioridades su soñar y su sentir de ser humano normal. La brisa se fue haciendo fresquecita... El sol caía ya sobre el pardo horizonte de rastrojos y viñedos al otro la– do del Bemesga... Y de golpe rompió el sosiego de los aires conventuales el alto y apresurado tan-tan de la cam– pana, que llamaba a la oración de la tarde. El P. Fidel «despertó» con aquella broncínea música de volteo. «Pero ¿qué hora es ya? - se dijo sobresalta– do -. ¿Será posible que toquen a Completas?» En su pos– tura de abandono se le había hecho muy corto el largo ra– to transcurrido. Se incorporó: por la gran huerta, del todo solitaria, se retiraban desvaídamente los últimos resplandores del sol. Sacudiéndose la parte inferior del hábito para desprender algunas briznas de yerba seca que se le habían adherido, empezó a caminar... Lentamente, echando sin ganas un pie delante del otro, llegó a la entrada del claustro conventual; luego, con el mismo andar de hombre desganado hasta la raíz, viró ha– cia la derecha, hacia la tribuna baja que daba al prebis– terio. No había allí nadie. Desde el lejano y alto coro ve– nía el rezo acompasado de las últimas preces de Com– pletas... «Te lucis ante terminum... Antes de que la luz se vaya, a Ti, Señor, acudimos; 397

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