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LA HORA DEL DESALIENTO Hacia fines de agosto, el verano y el veraneo entraban en fase de liquidación. Como en años anteriores, como siempre en el regulado fluir de las estaciones, iban aca– bándose ya las «notas del vago estío»... Septiembre, el mes de los viñedos dorados, traía la «vuelta a la normalidad»: cada cual ¡ otra vez en su puesto y a reemprender la tarea! También el P. Fidel aguardaba septiembre con impa– ciencia apostólica: era el mes que le traía de nuevo la oca– sión propicia para «congregar» en torno suyo aquellas ju– ventudes terciarias, más o menos «disgregadas» por la dispersión veraniega de sus miembros : ¡ se empezaría un nuevo curso de actividades formativas y apostólicas! La hora de la acción, como en el año precedente, so– naría al acabar en la catedral la solemne novena a la Vir- 390

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