BCCCAP00000000000000000000393
hombres salían a la puerta de las tabernas para escuchar aquel concierto gratuito que venía de la estación. Un agudo silbido en la noche... A los pocos minutos entraba ruidosamente majestuoso el exprés Gijón-Madrid. Los excursionistas ocuparon rápidamente el capaz vagón de tercera que venía reservado para ellos desde Busdon– go; y, en marcha... Dentro de la oscuridad, el tren pare– cía correr demasiado alocadamente, en descenso por des– filaderos y valles hacia León. Alguna chica disimulaba mal su miedo cuando resultaban demasiado violentos los vaivenes del coche, que iba en cola: «¡Qué maquinistas más brutos! ¡A ver si vamos a descarrilar!» Pero la ma– yoría no hacían caso de los vaivenes, ni de la velocidad, ni de los maquinistas, y empezaron a cantar alegremente: «Vamos a León, niiias, vamos a León: que la catedral tiene la luna v el sol: ¡VAMOS A LEON !» . Hacia media noche llegaban felizmente a la ciudad amada. Encontraron los andenes llenos de familiares que habían salido a recibirles; y por todos los grupos corría, como parte oficial de la jornada, la misma frase de satis– facción: « Hemos pasado un día estupendo, estupendo». Sí, habían pasado un día estupendo; pero lo mejor de todo era que habían hecho al mismo tiempo una bella sementera de buen ejemplo, de vida alegremente cristiana, de paz y de bien. III Dos días después de la Porciúncula fue a despedirse del Padre Fidel nuestro conocido Fernando Gordón Váz– quez. Como todos los años, iría a pasar la temporada de vacaciones junto a sus abuelos, en las verdes tierras de Galicia. - ¿Te acuerdas - dijo el P. Fidel - de cuando vinis– te a decirme adiós el año pasado por estas mismas fechas? - Claro que me acuerdo. 375
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz