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Y mientras las mieses iban cayendo al filo de hoces o guadañas, la exigencia de las vacaciones y los planes de verano sacaban más leoneses cada día de su luminosa ca– pital. También de las Secciones Juveniles de la V. O. T. empezaron a desfilar veraneantes o «vacantes». Pero no todo era marchar... Las vacaciones iban tra– yendo también a muy queridos ausentes. Por ejemplo, a «Azucena», la maestrita apóstol. «Azucena» no tardó en ir a ver al P. Fidel; y le contó las tan variadas experiencias de aquel su primer curso de «maestra en ejercicio», de ilusionada misionera entre cuatro paredes de una escuelita rural. - Bueno, Padre: no crea que todo ha sido tan duro como le decía en mis primeras cartas. Luego ha habido de todo: luchas y sufrimientos e incomprensiones, pero también satisfacciones y consuelos. »El pueblo, tan reacio al principio, fue evolucionando después, aunque con lentitud desesperante para mis an– sias; de la fría hostilidad pasó a un benévolo silencio, del silencio a una progresiva estima, y ha terminado en un que– rerme de veras. Por lo que se refiere a mis niños - de– cía esto «mis niños» con acento muy especial -, sólo quiero decirle que en los últimos días, todos, hasta los más pobres, se empeñaron en hacerme algún obsequio de lo que podían haber, y no tuve más remedio que aceptar..., porque no se disgustaran ellos y sus familias. »El día de la despedida fue terrible, y eso que yo no me cansaba de repetir que me iba sólo por dos meses... Todos acudieron a misa, para acompañarme y pedir por mí; luego, por más que me opuse, fueron todos andando conmigo hasta el próximo pueblo, donde se coge el coche de línea; y cuando éste arrancó, ¡ qué lloros en algunos y qué vivas y agitación de pañuelos en los demás! Nunca pude sospechar que me quisieran tanto. Me vine el viaje entero emocionada, pensando en ellos, y reviviendo silen– ciosamente hasta los menores detalles de los últimos días. Verdaderamente, puedo dar gracias a Dios por los traba– jos, luchas, sinsabores y sufrimientos de los primeros me– ses. - Parece que has visto hermosamente cumplidas aquellas palabras del salmo 125: «Los que en llanto siem- 363
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