BCCCAP00000000000000000000393
ces «no se podía», y «no había que ser exagerados»), y con– fesarme alguna que otra vez, por puro compromiso, di– ciendo lo que me parecía y sin ningún arrepentimiento ni propósito de la enmienda. »Llegué así a los dieciocho años. ¡La gran edad! según dicen. ¿Qué pasó entonces? ¿Cómo podría yo resistir a aquel ansia de felicidad, de goce, de amor, de placer, que bullía en mi corazón joven, indómito, dueño y señor de una carne fogosa y sin freno? En mi ya no mandaba más que un dios: el placer. Yo no sabía negar a mi corazón y mi cuerpo nada que me pidieran... Bien es verdad que las «apariencias» supe guardarlas siempre, por cuestión de orgullo, y que sabía también mantener a raya a algunos «admiradores» más audaces. »Cuando mi conciencia o alguien de fuera trataba de decirme algo, yo salía con eso tan manoseado de que «era había que disfrutar del mundo, pues no tenía voca– ción de monja, y vivir mi propia vida, y gozar, y ser feliz... » »¡ Así varios años! Buscando una felicidad que nunca alcancé completa; persiguiendo el placer, que, aun apurado hasta las heces, siempre me dejaba una íntima amargura, que yo quería disipar riendo y no pensando. Destrocé así mi juventud mi pudor y honestidad, cayendo de un pecado en otro, y de uno malo en otro peor». Narraba luego cómo había llegado al café cantante... ; los efectos que la lectura quincenal de «Avanzadilla» había ido produciendo en su alma; la necesidad muy hondamente sentida de acudir a la iglesia a orar, ¡ a orar!, después de muy largo tiempo de abandono; y al fin ... "Un buen día, que no se borrará jamás de mi memo– ria, Dios me miró, apiadado de mi miseria, y qui&o darme ese «más, más» de felicidad y verdadero goce, que yo había buscado inútilmente por casi todos los caminos del extravío. »La ocasión no pudo ser más corriente: oir predicar durante la misa de un domingo; oir hablar del amor, tan incomprendido, de Cristo en la Eucaristía, mientras nos– otros, sus almas amadísimas, pagamos, por lo general, su espera amorosa con el más ingrato olvido, cuando no con una conducta criminal, renovándole misteriosamente to– das las amarguras de aquella terrible noche del Jueves Santo... 358
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz